No te entiendo.

Jul 22

Sé que te gusta porque lo veo en tus ojos medio abiertos y en tu voz; en tu cuello tirado hacia atrás, en tu respiración entre cortada, en tus impulsos. También lo sé porque te conozco Lara, y porque hemos pasado muchas horas de cama juntas como esta, de rodillas frente a ti, como ante una diosa a la que adorar. Entre tus piernas como una feligresa en busca del agua bendita de tu parroquia tras un largo camino de peregrinación; y tú, dulce y magnánima, recibiéndome con las piernas abiertas. Un milagro de la naturaleza sobre tu cama. Gimes y levanto la mirada para encontrarme con una pradera blanca, sembrada con un fino y disperso bello rubio, que se expande desde tu vientre y que acaba en dos lomas simétricas coronadas en su cima por una pequeña área levantada a modo de diminutos templos. Tus dedos retorciendo la sábana sobre la que se posa tu cuerpo y que se entrelazan con los míos cuando los busco, y tu otra mano sobre mi cabeza, relajada, acompañándome en el vaivén de mi cuello en cada ligero choque de mi lengua contra tus labios. La paso de abajo a arriba, rozando la punta solamente. Lo repito una vez más. Recojo un poco de tu flujo y me lo trago como si fuera el cuerpo de Cristo. Es suave y dulce. Meto mi lengua en tu vagina y hago círculos para tocarte entera por dentro, por acariciarte. Entonces, una respiración más intensa, una caricia de tus dedos en mi cabeza. La saco y absorbo, trago y paso la lengua entera y expandida por tu coño, recogiendo la mezcla de saliva y flujo; el néctar.

MMM AAAH.

    Vuelvo a pasar mi lengua por todo tu ser, dos y hasta tres veces seguidas, rápido para que notes un contacto más intenso. Me aprietas la mano y me empujas hacia ti. Te suelto y paso mis manos al rededor de tus piernas, me agarro como si el mar me fuera a llevar a la deriva y fueses la única manera de sobrevivir. Te beso y soplo un poco para que notes el contraste de temperaturas. Recorro poco a poco, casi tímidamente, el camino hasta tu clítoris. Abro los ojos para verlo. Húmedo y reluciente como una perla que acaba de ser descubierta. Me acerco con la punta de la lengua y lo toco, lo muevo de un lado a otro, le doy vueltas y lo abrazo con mis labios.

¡AH! MMM ¡MMAAH!

    Me separo para lamer mis dedos, tres, pero solo te meto dos a la vez que te vuelvo a besar en lo alto de tu gozo. Saco y meto mis dedos al ritmo de cada golpe de mi lengua, doblados para llegar a ese punto que te hace encoger las piernas.

AAAAH. Sí, así, así.

    Cuando vuelven a entrar son tres, un poco separados para que te rocen más y luchen con las paredes de tu útero para abrirse paso hasta tus gemidos. Llegan y me separas la cabeza. Me miras sin decir nada y me levanto. Cuando vuelvo estás a cuatro patas entregándome tu culo y tu coño mojado como una gata en celo que acaba de encontrar un macho callejero que la monte. Me meto la parte vibratoria del Strap On en el coño, me lo ato, lo enciendo y te penetro sin avisar con la polla de veinte cuatro centímetros que me acaba de crecer sobre mi vagina. En este momento tus gemidos cambian, se vuelven más agudos y más sexys, a mí me ponen de una manera que no está escrita, sacando lo más animal que tengo dentro de mi pequeño cuerpo y me hacen sentirme poderosa viendo cómo el impulso de mi cadera golpea contra tu culo y te hace moverte hacia delante y gemir como una perra, una gata o una tigresa. Te giras para verme y me pone más todavía, tu mirada perdida, los ojos en blanco cuando te doy más fuerte y tu boca abierta sin ningún control dejando que tus gemidos reboten contra las paredes de la habitación. Y lo dices, Me voy a correr, e instintivamente me empiezo a correr yo también. Te agarro de los codos para traerte hacia mí y levantarte para que mi polla de mentira te llegue hasta bien adentro del placer de tu cuerpo y empiezas a gritar sin control y sin saber lo que dices, mezclando los AAAAH, con los SÍ, con los ME CORRO, ME CORRO, y te corres, y me corro, y te empiezan a temblar las piernas y te descontrolas mientras lucho por hacer nuestro este momento trayéndote hacia mí para pegar tu espalda con mi pecho, pero tus convulsiones son más fuertes que yo y te escapas de mis manos para caer sobre la cama y sujetarte a las sábanas mientras sigo dándote hasta que no puedo más y me salgo para dejarme caer al suelo y hacerme un ovillo bajo tu corrida que chorrea del Strap On y la mía propia que busca una salida de mí, y el silencio de una habitación que hace un momento era un escándalo de placer. Y te miro y no te veo los ojos, pero sé que te gusta Lara, porque te conozco y porque hemos pasado muchas horas de cama como esas, juntas bajo el manto de la unión de tu cuerpo con el mío, del placer y la fantasía de que me notaras dentro de ti, de tomarte y poseerte con la medida justa de fuerza y delicadeza que solo yo podía darte, con lo más animal y masculino de un hombre encerrado en el frágil cuerpo de la mujer que era y que soy.

    Y te sigo mirando y no puedo ver tus ojos porque estás tumbada en la cama mirando al techo, extasiada como solíamos quedarnos, indefensas y agotadas; y yo, yo te miro en la distancia tras la pantalla de mi móvil, triste y vacía, perdida sin tu cuerpo y tu alma a mi lado, y perdida del semen que acabo de lanzar desde mi polla y que me ha manchado el vientre y me ha rozado las tetas, pensando en por qué no estás conmigo ahora que por fin teníamos aquello que tanto nos gustaba pero de manera natural, más físico y sensorial que antes. Pensando en por qué decidiste de repente, que yo no era lo que querías a tu lado ahora que en vez de un cinturón consolador, tenía mi propia polla.








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